jueves, 3 de diciembre de 2009

De Marraquech al Sahara


“Aj Bahj Alá…” suena fuerte por el parlante de la mezquita hacia los cuatro vientos, reivindicando las plegarias que el mundo musulmán canta y dirige raudo hacia la Meca. Es tarde en Marraquech y acabamos de terminamos con gran éxito la impresionante Feria de Viajes PURE LIFE donde asistimos “by invitation only” (sólo para agencias exclusivas). La Feria simplemente espectacular; cuatro días donde se reunieron los mejores tour operadores boutique del mundo, ofreciendo las “novedades” para el año que viene.
¿Qué nuevos viajes nos gustaron? Varios, pero destacamos el espectacular Trekking a ver gorilas en Ruanda, las nuevas playas vírgenes del mar de Andaman, Sri Lanka y las Maldivas en el paraíso Indico, Trenes coloniales de lujo restaurados para recorrer el Sudeste Asiático a la antigua, un singular Track para ver los extintos osos Panda en la región de Xinuan en China, programas de yoga y medicina Ayurveda en la legendaria Kerala, India, travesías en avioneta desde Mali a Namibia, o las rutas medievales en camello de Túnez a Tombuctú, cruzando los pueblos más antiguos del mundo en estilo lujoso, además de lo nuevo en Galápagos, la ruta de Salakantai en Machupichu y originales playas vírgenes en Centro América. Y para rematar, los nuevos viajes espaciales a la Luna que ya son una realidad.
Con esta inspiración bajo el brazo, una vez finalizada la Feria tomamos nuestras maletas y directo al Sahara, con objeto de abrir nuevas rutas en esta exótica y placentera región. Nos fuimos de Riad en Riad (antiguos palacios moros del siglo XV refaccionados en hoteles) al mejor estilo del mundo árabe. Dejamos la mágica plaza Fesyamá de Marraquech, para luego internamos en los valles rojizo ocre de las “mil Kasbas” en Quarzazate, luego adentrarnos en las cordilleras del Atlas, de ahí a la frontera con Argelia, pescar nuestros camellos y visitar los campamentos de lujo en medio de las dunas, compartir con los pueblos de la cultura berebere y tuareg que mantienen sus tradiciones intactas desde siglos inmemorables, seguir a Fes ( las ciudad más “medieval” del mundo junto a su infatigable medina), calmar las aguas en Casablanca y ya con el tiempo al límite volver a Chile.
Es difícil encontrar un destino tan dinámico y sorprendente como Marruecos. Atrás quedaron los deliciosos té con menta, los bazares y callejuelas atestadas de yerbateros, curtidores, ceramistas y fabricantes de alfombras, los caracoles fritos y encantadores de serpientes, los sabrosos “tajine” de verduras y azafrán propios de la exquisita nueva cocina norafricana, las noches estrelladas del desierto junto al fuego, los baños de vapor y sus masajes “haman”, la preciosa música de los tambores y el bongó beduín, los aromas de oliva, tintes y argán de los valles interiores, los paisajes tomados literalmente de las “Mil y una Noche”, el sol tibio y luminoso que nos acompañó cada mañana, y por sobre todo la mirada limpia y fantástica del pueblo marroquí.
Tenía razón don Lawerence de Arabia cuando exclama su opinión a sus amigos al salir de Fes: “…Soy prisionero de sus gente y sus artes, donde dejarlos me está siendo más difícil que volver”.

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